Una verdadera amistad. ¡Qué difícil resulta a veces!

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Una verdadera amistad.

La  amistad es un vínculo que puede traernos grandes satisfacciones y alegrías al tener la posibilidad de compartir experiencias, emociones, ideas y hasta proyectos conjuntos.

Entre amigos es posible el apoyo, la ternura, la solidaridad, la confianza el respaldo, el aprecio y muchos otros sentimientos que hacen la vida más cordial.

Sin embargo, cuando no entendemos el verdadero significado de la amistad y no sabemos manejarla ni cuidar de ella, pueden llegar las decepciones y las peleas que en muchas ocasiones deterioran las relaciones con los amigos hasta el punto de acabarlas.

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Las amistades profundas no se cimientan solo en la simpatía, es decir en tener gustos parecidos o como se dice comúnmente “caerse bien”.

Es la empatía, o la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, lo que realmente sostiene una buena amistad.

Esto significa poder comprender las tristezas y dificultades de nuestro amigo y acompañarlo en sus alegrías.

Aunque en general las amistades nacen de compartir intereses conjuntos y en muchas ocasiones buscamos amigos que sean como nosotros, lo que potencializa la amistad es el entender que el otro puede ser distinto y que es posible tener tantos puntos de divergencia como de acuerdo.

Un compromiso verdadero con los amigos implica también cultivar constantemente la relación de amistad, pues esta no nace de la nada ni es mantenida por el azar.

Para crear y renovar una amistad donde haya crecimiento y satisfacción es necesario invertir tiempo, estar al tanto del otro y mantener distintos canales de comunicación.

No todos los amigos comparten de la misma forma, ni se comunican igual.

Hay algunos que sin necesidad de verse constantemente conservan lazos fuertes.

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Para otros el encuentro permanente es algo fundamental. En cualquiera de estos casos las relaciones de amistad requieren ser cuidadas y estimuladas. Son beneficiosas para el ánimo de ambos.

Las amistades que se basan tan solo en el interés del momento, difícilmente llegaran a ser duraderas.

Las amistades pueden enfriarse y depende de cada quien avivarlas. No hay que esperar que el otro llame, aparezca o actué para responder. Muchas veces las personas se alejan por motivos coyunturales y la mano de un amigo en el momento oportuno puede ser de gran alivio.

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