Elogio del insulto llevado a la política.

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Pese a que no pierden ocasión ni oportunidad, los debates y discusiones de los políticos suelen ser muy previsibles.

Tanto que, unos y otros, suelen utilizar los mismos argumentos y recurren a similares adjetivos en sus altercados.

Suele decirse que si el nivel de nuestros políticos ha bajado en cuanto a su cualificación y su capacidad, el descenso en la calidad dialéctica es más que notable.políticosinsultando2

Además de la escasez léxica, siempre en correspondencia con la depreciación de su afición lectora, los políticos recurren a la utilización torticera del significado de las palabras y, cuando no saben o no pueden, basta con añadirle la categoría de sentido político a su acepción.

Hace unos meses, un presidente de Diputación llamó putero a un implicado en el caso de los ERE. El significado de putero era sólo uno hasta ese día, pues para justificarse, el dirigente socialista se defendió acogiéndose a que lo decía en sentido político. Putero político, ¡gran hallazgo!

 

Pero, con todo, lo peor de esta insuficiencia dialéctica, es que denota una escasez evidente de imaginación.

 

El caso es que, al día siguiente, el alcalde de Málaga se vio en la necesidad de responder a la imputación inconveniente de García Peláez y, como tampoco es hombre de demasiada imaginación, recurrió al mismo calificativo: para trileros, los de la Junta, vino a decir. En fin, el reiterativo aburrimiento habitual.

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Puesto que estoy convencido de que hay que animar este debate político, me dispongo a ofrecerles a nuestros dirigentes, gratis total, una serie de insultos que pueden ser utilizados indistintamente por cualquiera de ellos.

 

De la Torre podía llamar altercón a García Peláez, y éste, al darse por aludido como pendenciero, debería entonces llamar al alcalde buscabelenes, vamos, simple buscapleitos. ¿A que está mejor?

 

Prosigamos. El alcalde, entonces, podría llamar a la consejera de Fomento macanera y Elena Cortés, después de un ¡uy lo que me ha dicho!, largarle que, para fulastre, él.

 

Para ampliar el debate, entraría en acción el presidente del PP, Elías Bendodo, que llamaría trunqueras a los de la Junta, así, en general. Esta intervención, naturalmente, obligaría a Miguel Ángel Heredia a tildar de viceberzas del alcalde a su homónimo contrario.

 

En este punto, el presidente de la Junta actuaría para apaciguar el debate y, con naturalidad, pediría a todos que dejaran de ser unos buscaruídos, no sin antes apreciar que el alcalde de Málaga siempre va de anaboleno.

Llegado a este nivel, creo conveniente llamar al escenario a Celia Villalobos. La locuaz diputada diría que Griñán, además de un bambarria, es un matasietes y un carapapa.

De la Torre, celoso del protagonismo de la ex alcaldesa, reclamaría la portavocía insultadora y, con evidente ánimo conciliador, afirmaría tras algún acto cuaresmal que lo que es Griñán es un vanílocuo.

MD80. MADRID, 02/07/09.- El ex presidente del Gobierno José María Aznar antes de la entrevista que ha concedido al periodista Federico Jiménez Losantos en Libertad Digital. EFE/David Alonso ***SÓLO USO EDITORIAL***

 

Entremedias, también podrían tener su momento de gloria los presumidos.

Así, el encantado de conocerse Alberto Garzón, podría tuitear que la derecha malagueña es una zaragatera, y Damián Caneda, desde su atildada altura, le contestaría por el mismo conducto que es un jovenzuelo diputado comeflores y un catasalsas… y así hasta agotar el gran libro de los insultos.

El debate político tendría el mismo nivel pero, ¿no me digan que no sería mucho más divertido y didáctico? Pues, eso.

 

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