Falsos mitos sobre la ingesta de agua.

Médicos y nutricionistas llevan años encontrándose en las consultas con los mismos bulos acerca de la ingesta de líquido.

Fuente:  Marya González

Que cada vez nos preocupamos más por la salud es un hecho. Solo hay que echar un vistazo a internet o a las redes sociales para comprobar la cantidad de contenidos que se comparten a diario con consejos sobre cómo adoptar un estilo de vida saludable o mantenernos en forma para prevenir enfermedades.

 

En todo ese flujo de información es inevitable que se cuelen bulos o mitos con dudosa base científica que se convierten en creencias populares y que acaban reproduciendo voces no autorizadas, pero con gran repercusión mediática.

 

Y todas esas proclamas, algunas de ellas tan disparatadas como que “el agua engorda”, acaban llegando una y otra vez a las consultas de médicos y nutricionistas que se ven obligados a desmentir las mismas afirmaciones.

 

Jesús Román, secretario del comité científico del Instituto de Investigación de Agua y Salud y profesor de Nutrición Humana y Dietética en la Universidad Complutense de Madrid, recopila para El HuffPost los mitos más frecuentes con los que se ha encontrado a lo largo de su carrera sobre el consumo y la ingesta de agua, un hábito que según los expertos es tan importante para la salud como lo es seguir una dieta equilibrada o hacer ejercicio.

 

Estos son algunos de los mitos nutricionales más extendidos, recurrentes y dañinos sobre el agua:

 

“Beber agua durante las comidas engorda porque se dificulta la digestión”

FALSO

 

“Todo lo contrario”, afirma Román. “Beber agua con las comidas principales comidas favorece la absorción y disolución de nutrientes y activa las enzimas esenciales para suministrar la energía necesaria para el buen funcionamiento del organismo”.

 

Además, el agua no contiene calorías y por eso es el mejor acompañamiento de las principales comidas. De hecho, los expertos recomiendan beber a pequeños sorbos uno o dos vasos de agua durante la comida.

 

“No hay ningún estudio científico que recomiende que es necesario ingerir entre 2 y 2,5 litros de agua. De hecho, no necesitamos beber entre 2 y 2,5 litros de agua, porque mucha de ella la podemos encontrar en los alimentos”

FALSO

 

“Al contrario de lo que dice esta creencia popular, existen un buen número de referencias de distintas entidades científicas independientes que recomiendan de forma contundente el consumo de agua”, explica Román.

 

Como ejemplo, el experto señala el estudio Values for Water EFSA Journal, publicado en 2010 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el mayor organismo científico de la UE, que recomienda una ingesta total de agua de 2 litros al día para las mujeres adultas y 2,5 para hombres adultos, bajo condiciones normales de actividad y temperatura.

 

En abril de 2011, la EFSA volvió a reconocer en otro texto la importancia de beber agua y autorizó la comunicación de sus beneficios.

 

En ambos informes, la EFSA concluye que para obtener un equilibrio hídrico adecuado, al menos se deben consumir dos litros de agua al día en condiciones normales de actividad y temperatura, recomendando que el 80% sea por ingesta directa de agua y un 20% a través de los alimentos.

 

“¡Hay que beber solo cuando se tiene sed!”

FALSO

 

“La sed es un sistema de alerta de nuestro organismo para indicarnos que el cuerpo ya está deshidratado”, señala Román.

 

El experto afirma que la pérdida de solo un 1% respecto al total de agua que compone el organismo ya puede afectar al rendimiento físico, a las capacidades cognitivas y al estado de ánimo. Por este motivo, no es recomendable esperar a tener sed para beber agua.

 

“Este tipo de mensajes pueden ser muy perjudiciales para determinados colectivos, como son los niños y, especialmente, los mayores, porque conforme se envejece se produce una importante disminución de la sensación de sed, lo que implica un consumo reducido de líquidos y un aumento del riesgo de deshidratación. Por su parte, los más pequeños suelen tener dificultad para expresar la sed”, advierte Román.

 

 

 

“Hay que evitar beber agua antes de realizar cualquier actividad física, porque si lo haces te puede dar flato”

FALSO

 

“La realidad es justo al revés. La actividad física aumenta la pérdida de agua del organismo a través del sudor y, por lo tanto, se incrementa la necesidad de beber agua”, afirma el experto.

 

A modo de ejemplo, nuestro cuerpo puede perder en torno a 1’8 litros de agua después de una hora corriendo, o medio litro tras una hora de natación, 1,5 después de un partido de fútbol o baloncesto o 1,8 tras una hora jugando al tenis.

 

“Hacer ejercicio condiciona la cantidad de agua que deberíamos beber diariamente hasta el punto de llegar a incrementar entre dos y seis veces las necesidades hídricas diarias de nuestro organismo”, asegura Román.

 

Según el experto, es vital establecer un plan o rutina de hidratación antes, durante y después de la práctica de cualquier ejercicio físico que se ajuste a nuestras características y necesidades, y que os garantice una práctica deportiva segura y un óptimo rendimiento físico.

 

 

 

“Trabajo en un sitio con aire acondicionado así que, aunque estemos en verano y haga calor, no necesito beber tanta agua”

FALSO

 

“El aire acondicionado está directamente relacionado con una hidratación inadecuada. El aire seco y la baja humedad hace que el cuerpo pierda más agua a través de los pulmones y la piel”, afirma Román, para el que esa pérdida se debe compensar con un aumento de la ingesta de agua.

 

“Además”, apunta, “en el trabajo sería conveniente evitar la deshidratación que puede ocasionar un deterioro del rendimiento laboral”.

 

 

 

“No es recomendable beber agua antes de acostarse porque no se deja descansar al riñón”

FALSO

 

“Precisamente, si bebemos un vaso de agua a pequeños sorbos ante de acostarnos, ayudará a nuestros riñones a eliminar toxinas y desechos acumulados a lo largo del día y a rehidratar el organismo”, afirma Román.

 

“Es bueno beber agua templada con limón en ayunas para eliminar toxinas, evitar el estreñimiento y aliviar problemas de estómago e infecciones de garganta”

FALSO A MEDIAS

 

“No existe ningún estudio científico que avale los beneficios de esta fórmula que algunos en internet se empeñan en llamar milagrosa. El agua por estar templada no aporta un beneficio extra. Es cierto que el limón tiene vitamina C, pero al ser exprimido se queda en unos 35 miligramos, es decir, la tercera parte de la dosis diaria recomendada por la OMS para hombres y la mitad para mujeres”, explica Román.

 

El experto matiza que lo que sí aporta beneficios demostrables para la salud es la ingesta de un vaso de agua en ayunas, con o sin limón, y a temperatura ambiente, porque ayuda a recuperar el agua perdida durante las horas de sueño (a través de la respiración, sudor, saliva, funcionamiento de nuestros órganos vitales…) y, por lo tanto, a mantener el equilibrio hídrico del organismo.

 

“Beber un vaso de agua caliente en ayunas ayuda a combatir el estreñimiento”

VERDADERO A MEDIAS

 

“Partimos de la base de que beber un vaso de agua en ayunas es bueno para recuperar el agua perdida durante las horas de sueño. Y además, hacerlo facilita el movimiento de los intestinos, después de varias horas de ayuno y, por tanto, puede ayudar a acelerar el tránsito intestinal y así evitar los problemas de estreñimiento”, explica el profesor, que insiste en que lo que no está demostrado es que el agua tenga que ser templada o caliente.

 

 

 

“Beber un vaso de agua antes de comer ayuda a no excederse”

VERDADERO

 

“El agua incrementa la sensación de saciedad. De manera que beber un vaso de agua antes de las comidas ayuda a incrementar esta sensación y reducir la ansiedad por comer”, afirma.

 

El profesor cita un estudio publicado por The Journal of the Obesity Society of Silver Spring en 2010, que concluye que las personas que bebieron 500 mililitros de agua antes de las comidas perdieron más peso que aquellos que no lo hicieron realizando la misma dieta.

 

“Sin embargo, conviene recordar que la ingesta de agua antes de las comidas no debe ser un sustituto de una adecuada ingesta de alimentos”, advierte.

 

“Beber agua muy fría y rápido es malo”

VERDADERO

 

“Un buen hábito de hidratación es beber despacio, a pequeños sorbos y a una temperatura de entre 10 y 15 grados para favorecer su absorción y que el cuerpo la asimile más fácilmente”, indica el experto.

 

 

“Es mejor beber agua con gas que agua sin gas”

FALSO

 

“Se trata simplemente de una cuestión de gustos”, señala Román.

 

En España, “las aguas sin gas representan un 96,31% de la producción de aguas minerales, mientras que las aguas con gas suponen un 3,69%. Justo al contrario de lo que ocurre en el resto de Europa”.

 

“No existen dos aguas minerales iguales. Por lo tanto, gracias a su etiquetado, podemos conocer exactamente las características del agua que bebemos, pudiendo elegir la que mejor se adapte a nuestras necesidades y preferencias, sin que podamos decir que sea una mejor que otra”, explica.

 

“Las infusiones sustituyen al agua”

VERDADERO

 

“Hay que tener en cuenta que casi el 99% de una infusión es agua, así que es una forma de completar la ingesta de agua recomendada por la EFSA (2,5 litros para hombres y 2 litros para mujeres)”, afirma Román, que señala que lo importante a la hora de preparar una infusión es conocer la calidad y el origen tanto de la propia infusión como del agua que se emplea.

“El agua del grifo es igual que el agua mineral”

FALSO A MEDIAS

 

“No son iguales, pero ambas son buenas. Las aguas minerales naturales y las aguas del grifo son dos productos totalmente distintos, aunque complementarios e irremplazables”, asegura el profesor.

 

El agua mineral natural es un producto alimentario de origen subterráneo protegido de toda contaminación y envasado a pie de manantial en unas condiciones de extrema asepsia, para proteger su pureza original. Por lo tanto, no necesita ser sometida a ningún tipo de tratamiento químico ni micro bacteriológico de desinfección para su consumo.

 

Por el contrario, el agua del grifo es un servicio público, cuyo abastecimiento y calidad deben estar garantizados por la Administración. En su mayoría, proviene de aguas superficiales y de orígenes diversos (desalinizadoras, ríos, embalses…) por lo que son de composición cambiante. “Por este motivo, el agua del grifo necesita ser tratada químicamente para desinfectarla, protegerla de potenciales contaminaciones y que pueda ser apta para consumo humano”, explica.

 

“Las botellas de plástico de agua mineral no se deben rellenar, porque así lo indica la etiqueta del envase”

VERDADERO

 

El profesor explica que hay varios motivos por los que se incluyó este mensaje en las etiquetas de las botellas y por los que se aconseja no reutilizarlas. El primero es para prevenir accidentes, “evitando que se confunda el agua con otros líquidos como lejía, desinfectantes o disolventes”. Otro motivo es evitar los fraudes, “las empresas que comercializan las diferentes marcas de aguas envasadas sólo pueden garantizar las condiciones de seguridad y calidad del agua que han envasado”.

 

Y por último, por razones organolépticas (las características que pueden percibir los sentidos). “Si se ha bebido directamente de una botella y se ha rellenado repetidas veces con otro tipo de líquido o alimento, el interior de estos envases ya no mantiene sus condiciones iniciales de total asepsia, pudiendo incluso contaminarse con microorganismos que proceden de nuestra boca o del ambiente”, señala.

“En las botellas de plástico, el icono del triángulo con un 1 en el interior, el número indica las veces que se ha reciclado la botella”

FALSO

 

“Este número no tiene nada que ver con esa creencia popular”, afirma el profesor. La explicación tiene que ver con el reciclado de los envases.

 

“El número sirve para la recogida y clasificación de los plásticos para saber de qué tipo es. El número 01 se corresponde con un tipo de plástico conocido como PET, un material transparente, muy resistente, que pesa poco y es 100% reciclable”.

 

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