¿Por qué hay que hacerse los análisis en ayunas?

 

El ayuno de ocho horas evita las interferencias que provocan los alimentos

Los únicos que se libran de esta instrucción son los niños pequeños

‘¿Pero ¿cómo van a salir bien los resultados del análisis con el mal cuerpo que tengo yo en ayunas?’, se preguntaba estos días un trabajador inmerso en el reconocimiento médico de su empresa. Como él, muchas personas se preguntan por qué es necesario acudir en ayunas a hacerse los análisis de sangre, qué sentido tiene ese pequeño ‘sacrificio’ matutino.

 

El ayuno para tomar la muestra de sangre tiene dos explicaciones. La primera de ella es fisiológica: algunos parámetros de la analítica (como el colesterol o la glucosa, las transaminasas, la calcitonina…) cambian después de ingerir alimentos.

 

Como explican desde los laboratorios de análisis clínicos de la Cruz Roja en Madrid, el ayuno de ocho horas pretende medir los niveles de ciertas sustancias sin las interferencias que provoca la ingesta de alimentos. La glucosa o los lípidos (colesterol o triglicéridos) son algunos de los parámetros que pueden variar después de comer, y como recuerda el doctor Buño la glucosa es el parámetro que con más frecuencia se suele analizar en los laboratorios.

 

“Sólo por eso ya estaría justificado”, indica el doctor Buño, pero existe una segunda razón que tiene que ver con las tecnologías utilizadas para analizar la sangre. Cuando no estamos en ayunas, por la sangre circulan ciertas sustancias que hacen que la muestra esté más turbia y eso puede interferir en los equipos, que están pensados para analizar sangre ‘limpia’.

 

Cada fabricante indica en el ‘prospecto’ de las máquinas los requisitos de la muestra a analizar y, como añade Buño, cada vez existen más ayudas técnicas que permiten detectar la calidad de la muestra y “emiten ciertas alertas que ayudan a la hora de interpretar los resultados”. Sin embargo, sigue siendo importante analizar la mejor muestra posible para obtener los resultados más fiables.

 

Además, coinciden los expertos, los parámetros de normalidad de los análisis (esas cifras que habitualmente aparecen entre paréntesis en los resultados que nos entrega el médico) están estandarizados a partir de esas condiciones ‘ideales’, es decir, en población sana en ayunas.

 

Por eso, insisten desde Cruz Roja, aunque el ayuno no influye en otras cuestiones (como el grupo sanguíneo o los anticuerpos de enfermedades infecciosas como el VIH), “en general la muestra en ayunas está más limpia”. De hecho, bromea, si alguien se acabase de comer algún alimento grasiento, esos lípidos pueden verse en el plasma de la sangre, que adquiere una tonalidad amarillenta y una textura más viscosa.

 

Los únicos que se libran del ayuno obligatorio, añade Buño, son los niños pequeños, especialmente los lactantes, que no pueden permanecer en ayunas esas ocho horas. “De hecho hasta se recomienda que los más pequeños acudan con la toma [de leche materna] porque están más tranquilos”.

 

En el caso de los niños (“que no suelen desayunar tostadas con beicon”) es raro “encontrarse una muestra de mala calidad por presencia de lípidos”. En cambio, sí es más habitual que sean muestras escasas o de mala calidad por la dificultad técnica para tomar una muestra de sangre a edades tan cortas.

 

La primera orina de la mañana

 

Aunque la orina permite analizar menos parámetros que la sangre, también es importante que se recoja la primera de la mañana y en ciertas condiciones. Esa primera ‘madrugadora’ suele ser la más concentrada, “porque acumula todos los productos de desecho que han estado produciendo los riñones durante toda la noche”, explica el doctor Buño.

 

En este caso, añade, el ayuno no tiene ninguna influencia en los resultados que se extraen de la orina. Sin embargo, sí es recomendable descartar el primer chorro de orina y recoger únicamente el tramo medio. ¿Por qué? “Aunque el tracto urinario es estéril, no es infrecuente que el tramo final tanto de hombres como de mujeres tenga mayor concentración de bacterias, por eso el primer chorro de orina ejerce una función de arrastre para eliminar esas posibles bacterias”, explica el responsable de La Paz.

 

En el caso de los niños, antes de los tres o cuatro años, y hasta que el niño adquiere el control de los esfínteres, la muestra de orina se recoge (“como se puede”) mediante bolsitas estériles en el pañal, o dejando al pequeño sin pañal para intentar ‘pillarle’ cuando orine. En los casos en que estas muestras sean insuficientes o de mala calidad, se puede sondar al niño o tomar la muestra directamente de la vejiga (mediante una punción), “pero es algo muy infrecuente, sólo cuando no queda otro remedio”.

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