¿Cómo lidiar con familiares problemáticos? La familia política.

Lidiar con parientes difíciles puede resultar bastante complicado. La clave es mantener la calma.

La mayoría de las veces, esos familiares que te desesperan por completo no son conscientes al hacerlo.

Dirige tu mirada al suelo, respira hondo e intenta no alterarte. Si las conductas desagradables de tus parientes se prolongan de manera indefinida, es tiempo de alejarte con sutileza.

En ningún caso debes perder el control y comenzar a gritarles o mostrarte violenta. Eso sólo te colocaría en el mismo plano de conducta que ellos tienen; la mejor respuesta debe provenir de ti mismo, demostrarte que eres capaz de ir más lejos que ellos para hacer lo correcto. Tú puedes resolver esta situación, ¡sólo debes tener un poco de fe!

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Establece tus límites. Es importante definir límites para cualquier relación. Si esas fronteras de lo que es aceptable son traspasadas, y la otra persona no percibe lo inapropiado de su conducta ni tus insinuaciones al respecto, debes dar un paso adelante y marcar claramente tu posición.

Si tienes parientes que no respetan ningún límite y se comportan como si el único propósito de la relación entre ustedes es que tú estés ahí para satisfacer sus deseos, no estás sólo: hay muchas relaciones familiares por el estilo, pero son completamente inadecuadas y debes ponerles un alto.

Lo primero que debes hacer es recobrar la seguridad de que tus propios deseos también son importantes y debes marcar una línea clara para que los demás no puedan intervenir en ellos.

Declara con voz firme los límites que deseas que se respeten. Verbalizar tus decisiones puede ayudar a que parientes que no te toman en serio deban reaccionar ante una exposición madura de tus ideas y lo inadecuado de sus actitudes.

Quizá tengan una reacción de sorpresa, fingiendo indignación porque marcas sus límites, pero deberán aceptarlo si te mantienes firme.

 

Asegúrate de que tus límites se respeten. Adopta actitudes y acciones que refuercen el carácter definitivo de tu decisión.

Claro está, al principio puedes mostrar una firmeza muy comprensiva, intentando explicar la situación a un pariente que quizá no estaba consciente de lo mucho que sus acciones te molestaban.

Pero si ves que tu familiar no reacciona a esta imposición amable, quizá es tiempo de tomar medidas drásticas.

Dile que para continuar la relación deberán de entrar en un período de prueba de 30 días, en los que deberá respetar por completo las nuevas reglas de convivencia que tú le has manifestado.

Cualquier acción que no respete el acuerdo durante ese tiempo, ocasionará que tú bloquees a esa persona por completo de tu vida durante 30 días: no le abrirás la puerta, no responderás a sus llamadas ni aceptarás contactarlo por cualquier medio.

Debes mantenerte extremadamente firme para que al término de los 30 días haya entendido el mensaje y puedan comenzar un nuevo período de prueba, para ver si esta vez es capaz de respetar el acuerdo de convivencia durante los 30 días completos.

Tu primer intento de bloquear por 30 días a un pariente seguro estará lleno de intentos de su parte para contactarte.

Pero si logras ignorarlos por completo, irán disminuyendo por completo hasta disolverse en la aceptación de tus reglas.familia política5

Sin embargo, si tu familiar es demasiado obstinado y no deja de importunar con intentos reiterados de violar tu decisión de bloquearlo durante ese período, debes mostrar aún más firmeza: dile que cada vez que intente ponerse en contacto contigo con una medida desesperada el período de bloqueo deberá volver a empezar desde el día 0.

Si esta situación se prolonga durante muchas semanas, y tu pariente no da ninguna muestra de que está reconsiderando su comportamiento y su intención sigue siendo la de violar tu espacio privado, entonces la relación está perdida.

Debes terminarla y no mirar atrás.

Esto último puede sonar como una medida un poco dura, pero ten en cuenta que tú ya has expuesto todas tus razones ante tu pariente y él ha decidido no respetarlas.

El período de bloqueo debería servir para reexaminar la relación desde una distancia prudente, pero si él no pone de su parte para mejorar las cosas debes saber cuándo imponer un límite final: si lo cruza, deberás impedir que siga afectando tu vida.

 

Combate el arma más poderosa de una relación problemática: la culpa. En algún punto de tu proceso lidiando con ese familiar conflictivo, es probable que él intente hacerte sentir culpable.

Debes impedir que este sentimiento se apodere de ti en lo más mínimo.familia política4

Hazle preguntas como “¿de verdad quieres hacerme sentir culpable por esto?; ¿no es tu manera de decir que no encuentras otra manera de convencerme para continuar a tu lado?”.

Muchas veces provocar culpa es el último recurso de alguien que se siente por completo desesperanzado en todas sus relaciones: ayudar a tu pariente a superar ese sentimiento puede ser el principio para recuperar la relación.

Reevalúa tu relación. No se trata sólo de la manera en que ves a la otra persona. A veces continúas relacionándote con ella sólo por tus principios o una creencia en valores de lealtad familiar. Sin embargo, también tienes tus propios valores y convicciones, y quizá esa lealtad forzada te está impidiendo alcanzar los ideales a los que aspiras en la vida:

Probablemente nunca tolerarías el comportamiento de ese familiar si proviniera de un desconocido.

Eliminar esa relación de tu vida probablemente te hará sentir culpable, o llevará a recriminaciones de parte de otros parientes, ¿pero por qué soportar a esa persona con alguien externo a la familia hubieras terminado la relación sin dudarlo un segundo?

Identifica la naturaleza de los conflictos externos que experimentes, y luego intenta trasladarlos a su equivalente interno.

Por ejemplo, si sientes que otro pariente busca controlarte por completo, quizá estés insatisfecho con el control que tienes de tu propia vida.

Aunque no puedas cambiar a las otras personas, a veces puedes tolerarlas si te haces más fuerte por dentro y no dejas que te afecte.

Puedes seguir queriendo a tus familiares aún sin mantener una relación cercana con ellos.familia política3

Piensa que aún cuando sean personas con las que creciste y compartiste mucho, también has vivido muchas experiencias por tu cuenta y ahora tienes tus propios valores: si son incompatibles con los de tu familia no tienes que someterte a ellos para seguir con la misma cercanía. Puedes llevarte bien con ellos, manifestar tu afecto desde una distancia saludable.

Las relaciones familiares pueden ser más complejas de lo que parecen.

Antes de terminar tu relación con algún pariente insoportable, ten en cuenta si esto te alejará de otro familiar a quien aprecias mucho y con quien te gustaría ser más cercano.

A veces, si sólo debes soportar a esa persona durante unas cuantas horas al mes, vale la pena hacer el esfuerzo para conservar relaciones más valiosas.

 

Consejos

Cuando veas que este patrón de comportamiento no te está afectando a ti sino, por ejemplo, a tu pareja, debes entender que no tienes la misma libertad para lidiar con los que son sus parientes y no tuyos.

Lo que debes hacer es ayudar a tu pareja para que se arme de valor y aprenda a establecer sus propios límites.

Tú debes apoyarla en todo momento y secundar sus decisiones, haciéndole ver claro a sus parientes que los dos como pareja se alejarán si no respetan sus derechos de un espacio propio.familia política2

Quizá tu pareja en un principio se alarme ante tus sugerencias y se muestre ofendida ante la idea de imponer términos a sus parientes, por más molestos que los encuentre; pero si abordas el tema con paciencia y delicadeza, te lo agradecerá con el tiempo.

Advertencias

  • Si los límites que planteas son razonables, y la persona a quien se los señalas es completamente incapaz de acatarlos, debes terminar la relación en ese momento. Forzarla más allá sólo minará tu propia autoestima y dignidad.
  • Ten en cuenta que otros parientes pueden indignarse si dejas en claro los límites que necesitas ver respetados. “¿Cómo pudiste hablarle así a tu tía?” es una frase que puede hacerte sentir culpable, pero no debes disculparte por hacer valer tus derechos.

 

 

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