Historia de la cremallera. La moda, más fácil.

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Ya la invención del ojal fue una verdadera revolución en la historia de la humanidad. Los botones se empezaron a hacer con conchas de moluscos o cuernos de animales y llegarían a fabricarse con metales, porcelana e incluso piedras preciosas.

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Los europeos utilizaron los botones incluso como moneda de cambio cuando llegaron a tierras americanas o a las islas del Pacífico.

Hasta el siglo XVIII los botones fueron un símbolo de status o un adorno de lujo más que algo práctico. Las clases populares seguían abrochándose la ropa con corchetes o nudos.

 

Historia de la cremallera

A finales del siglo XIX, cuando se empezaron a fabricar botas altas para defenderse del fango de las calles de las ciudades, abrocharse los múltiples botones o los largos cordones parece que era un verdadero incordio.

Algunos ingenieros empezaron a buscar sistemas de cierre más prácticos, como Elias Howe, el mismo que había inventado la máquina de coser.

Howe consiguió una patente en 1851 para un ‘cierre para ropa automático y continuo’, que consistía en unos ganchitos que se ponían en los dos lados de la ropa que se quería cerrar e iban atados. No se molestó en comercializarlo debido al éxito que consiguió con su máquina de coser (le ganó los royalties a Singer después de una batalla legal y se hizo millonario).

 

Cuarenta y cuatro años más tarde, Whitcomb L. Judson, un mecánico al que le encantaba fabricar todo tipo de máquinas que ahorrasen trabajo (inventó también un tranvía neumático), inventó un nuevo sistema de cierre para las botas.

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Según se cuenta tenía un amigo al que le dolía mucho la espalda y no podía atarse las botas, así que Judson le inventó un dispositivo para que pudiera abrocharse con una sola mano.

Lo patentó en 1893 con el nombre “Clasp Locker” (cierre de gancho) y se parecía un poco al de Howe.

 

Judson presentó su invento en Feria Internacional de Chicago.

Fue un éxito a pesar de que no era muy útil.

Judson mejoró el modelo, pasó a llamarlo “C-curity Fastener” (cierre de seguridad).

Se asoció con el Coronel Lewis Walker, un hombre de negocios al que nunca le iban bien los negocios, para crear la Universal Fastener Company.

A pesar de las mejoras de Judson y de que el primer pedido que recibieron fue para fabricar cierres para las sacas del Servicio de Correos de los Estados Unidos, el negocio fracasó: los cierres se atascaban con tanta frecuencia que hubo que retirar las sacas.

 

El inventor de la cremallera: Gideon Sundbach

 

Gideon Sundbach, un ingeniero eléctrico de origen sueco, especializado en turbinas de vapor y empleado en la empresa de Judson y Lewis, se casó con la hija del gerente, Elvira Aronson.

Cuando su esposa murió quedó tan triste que se encerró en la empresa a trabajar día y noche hasta conseguir mejorar el invento de Judson.

 

En 1913 había conseguido diseñar un cierre que sí funcionaba: dos hileras de dientes que se juntaban en una única pieza mediante al deslizar sobre ellas un cierre. Estas dos tiras paralelas y la pieza intermedia formaban una Y: la cremallera.

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Sundbach lo patentó en 1917 con el nombre “Hookless Nr 2” y luego creó una máquina para manufacturarlos.

El invento sólo se utilizó para botas, bolsas de tabaco y sacas de correo.

A partir de 1923 la B.F. Goodrich Company utilizó estos cierres de Sundback para cerrar botas de goma y así los volvió populares.

Al cerrar las botas el ruido que hacían (“sip”) le dió nombre al nuevo invento “zipper”, que es como se sigue llamando a las cremalleras en inglés

Durante la Primera Guerra Mundial un sastre tuvo la idea de usar la cremallera en los monederos de los marinos, fijados a su cinturón de cuero. Después se utilizó en los uniformes de los aviadores y los equipamientos de las tropas.

 

En los años 20 las cremalleras comenzaron a utilizarse en los cierres de los equipajes.

 

En la ropa civil no resultaban muy prácticas porque al ser metálicas había que descoserlas de la ropa para lavarla, si no se oxidaban, y luego volverlas a coser.

 

En 1924 se creó en Francia la Sociedad Éclair. En francés cremallera se dice fermeture éclair por esta marca.

Literalmente se tradujo como cierre relámpago al español y es así como todavía se conoce a la cremallera en varios países de habla hispana.

 

En 1926 se implantaron en los pantalones vaqueros en vez de los botones que tan difíciles se les hacían de abrochar y desabrochar con los guantes de trabajo a los buscadores de oro y conductores de ganado, que eran los que usaban ese tipo de pantalones en aquella época.

 

No sería hasta mitad de los años 30 cuando empezaría a usarse la cremallera como cierre de todos los pantalones para hombre, y fue en Francia.

 

En 1937 la revista Esquire nombró a la cremallera la Idea más nueva de la sastrería. Quizá este nuevo uso fue impulsado por el uso de la cremallera que hizo en sus diseños la famosa diseñadora surrealista Elsa Schiaparelli.

 

Elsa Schiaparelli y las cremalleras

 

La Lightening Fastener Company de Gran Bretaña y Canadá comenzó a experimentar con el plástico para crear cremalleras a principios de los 30. Su gerente, Harry Houghton, le ofreció a Elsa Schiaparelli 10000 dólares de aquella época por usar las cremalleras en su ropa.

 

Elsa Schiaparelli incorporó estos cierres en ropa sport, sobre todo en vestidos de punto, y la mayoría de las veces como elemento decorativo a la vista, no como cierre escondido. En el invierno de 1935, la diseñadora presentó una colección de alta costura en la que utilizó cremalleras de colores en los modelos, en lugares inusuales para la época como bolsillos, cuellos, puños y hombros. La cremallera se convirtió en un signo de su marca, como el shocking pink o los modelos basados en diseños de Dalí.

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Schiaparelli, con gran visión empresarial, utilizó las cremalleras de distintas fábricas según el país en el que fueran a venderse sus modelos. En Londres de la Lightening Fastener Company, en París de Éclair y en EEUU de la Hookless Fastener Company.

 

En esa época y hasta que en 1935 se inventó el nylon, las cremalleras se hacían de acetato de celulosa o de nitrato de celulosa. Era un riesgo hacer ropa con estos materiales tan nuevos.

La famosa editora de Vogue Diana Vreeland tuvo que tirar un modelo de Elsa Schiaparelli a la basura después de mandarlo a la tintorería porque los líquidos del lavado en seco habían reaccionado con los acetatos.

 

Elsa fue conocida por utilizar nuevos materiales en sus prendas, como el rhodophane, un tipo de celofán con el que hizo túnicas que parecían cristal, o el rayón llamado antracita porque parecía este carbón.

En 1934, se funda en Tokio la compañía YKK. Hoy en día es la empresa más importante en cuanto a fabricación de cremalleras se refiere. Hacen dos mil cremalleras al día.

En los años 40 se siguieron utilizando en la ropa las cremalleras metálicas, hasta mediados de los 60. La cremallera de nylon no nació hasta los 60, y como todo material nuevo, era caro al principio. YKK, Hookless Fastener de EEUU y Éclair de Francia fueron los primeros en fabricar cremalleras de plástico.

Lo que hoy nos parece tan normal tardó en inventarse y gracias a las diseñadoras de moda se impuso la cremallera en los vestidos de señora.

 

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