El síndrome de Medea o cómo una madre mata a sus hijos.

El síndrome de Medea, término que se originó a partir de la tragedia Griega de Eurípides que relata la triste historia de la sacerdotisa Medea, esposa y madre que para castigar la traición de su esposo Jason que la abandonó por la hija del Rey de Corinto, sacrificó la vida de sus hijos para que el dominio de mujeres sobre hombres quedase asegurado.

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Curiosamente en la Antigua Roma el padre también tenía el derecho de matar a sus propios hijos bajo la ley “Patria potestas” hasta el siglo cuarto que influenciada por el Cristianismo comenzó a considerar el asesinato de los hijos como un crimen. Otras culturas a través de la historia han tratado el asesinato de los hijos con similar ligereza e impunidad.

 

El síndrome de Medea se refiere a un cuadro de síntomas que caracteriza a la madre (en ocasiones el padre) que en respuesta a los conflictos y al estrés que se derivan de la relación con su pareja, descarga todas sus frustraciones con agresividad hacia su descendencia, llegando incluso a utilizar a su hijo o hija como un instrumento de poder y de venganza hacia su pareja, hasta arrebatarle la vida, se piensa que algunas mujeres identifican la maternidad con la feminidad, reafirmándola con el reconocimiento del otro, matando al hijo destruyen el vínculo de unión con su compañero, valorando a los hijos como a cualquier adquisición material.

 

Diálogo de Medea:

Corifeo: ¿Entonces mujer vas a matar a tu descendencia?

Medea: Sí porque es lo que más dolerá a mi marido.

Corifeo : Pero gran infelicidad te causarás con ello

Medea: Ah, de sobra están las palabras inútiles, iVamos!

Después de titubear ante el asesinato de sus propios hijos pasa a lamentar su falta de valor y finalmente mata a sus hijos.

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Monólogo Final de Medea:

No ha de temblar mi mano;

oh no hagas eso corazón mío!

Miserable deja a tus hijos, perdónalos que vivos te servirán de alegría.

No, por los vengadores subterráneos del Hades, Jamás dejaré a mis hijos a mis enemigos a que los ultrajen. Es absolutamente necesario que mueran por lo que lo mataré yo que los he parido. Así está decidido y así se hará.

 

Jason el padre de los hijos de Medea tras descubrir el asesinato llama a la madre “Leona Infanticida”

Crimen en superlativo puesto que los hijos de forma natural e intuitiva confían y dependen completamente de sus padres desde que existen y porque los padres en este caso están dañando y asesinando “su propia carne”.

 

Estadísticamente las madres Medea suelen matar a sus hijos cuando son pequeños, los padres cuando son adolescentes; estos padres se sienten agobiados por sus hijos llegando al delirio y viendo a sus hijos como a monstruos, consideran que alguna “persona, entidad, demonio o ser maligno” les ha cambiado.

Según investigaciones recientes el síndrome o complejo de Medea puede también darse durante la gestación ya que se genera un estado psicobiológico que en situación de conflicto entre la madre y el padre puede generar grandes cambios en la mente de la madre y del futuro bebé, generando esta hipótesis el concepto de microsicoanálisis y de “guerra intrauterina” entre madre y feto, asociando el síndrome a la incapacidad de la madre a mantener la gestación por raciones psíquicas y en el contexto de su relación personal y emocional con el padre.

 

Algunos padres no desean o no llegan a matar a sus hijos pero ante una relación de pareja conflictiva o un divorcio se vengan de sus parejas utilizando al hijo como una extensión de estos y destruyendo la relación entre el hijo y el otro progenitor, bombardeando al niño con su rabia, ira y malicia, pasando por alto las necesidades del niño o adolescente.

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En el complejo de Medea también podrían incluirse el abandono y el daño físico, las afecciones afectivo emocionales, el daño social y el perjuicio económico que pudieran sufrir los hijos de manos de sus padres.

La madre Medea siente a sus hijos como una más de sus posesiones, objetos cuya vida puede manipular, sojuzgar y de la que puede disponer a su antojo o según sus creencias, llegando al filicidio del hijo o los hijos objeto.

 

Asombra el temor, el silencio hasta a complicidad de vecinos, amigos, familiares ante el síndrome de Medea, actuando con “educada discreción” ante los síntomas visibles del complejo de Medea, la falta de alerta de la pareja del padre o madre Medea. Cabe recordar que Jason después de descubrir el asesinato de sus hijos se lamenta:

 

Ahora he recobrado la cordura que antes no tuve …… enorme desgracia traidora a tu padre y a la tierra que te crió. Los dioses han arrojado contra mi tu genio vengador, pues ya habías matado a tu hermano en tu hogar …… así comenzaste tus crímenes, habiéndote casado conmigo y dado hijos, por celos de un lecho y una esposa los mataste, no existe mujer Griega que se hubiera atrevido a esto….”

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Es el canto al arrepentimiento. Se ha hecho daño a ella misma matando a sus hijos.

A lo que Medea responde con profundo odio:

– …..los beneficios que recibiste de mi y el pago que me diste, Tu no deberías haber deshonrado mi lecho, llevar una vida agradable riéndote de mi ….. ahora si te place llámame leona….. ha tu corazón como debía he devuelto el golpe

Poco antes de que culmine la tragedia Griega de Medea el Mensajero pronuncia las siguientes palabras reveladoras:

“De los humanos no hay nadie que sea feliz; Uno puede tener más suerte que los otros si le llegan los éxitos pero en eso no está la dicha”

 

 

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