Confiamos más en las personas vergonzosas. Motivos.

Si te sonrojas con facilidad no tienes por qué preocuparte. Las personas que se sienten avergonzadas en ciertas situaciones “comprometidas” son también más dignas de confianza y más generosas.

“La vergüenza es un componente emocional que forma parte del’ adhesivo social’ que promueve la honestidad y la cooperación en la vida cotidiana”.

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Para demostrarlo, los investigadores trabajaron con 60 sujetos a los que sometieron a situaciones embarazosas, como confundir a una mujer obesa con una mujer embarazada, o dejar escapar una flatulencia en público, para identificar hasta qué punto sentía bochorno.

 

Cuando, a continuación, los mismos sujetos participaron en el “Juego del Dictador“, usado en economía para medir los niveles de altruismo, los que con más frecuencia se habían sonrojado en las pruebas previas tendían a ser más generosos.

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¿Qué es el juego del dictador?

El juego del dictador es un juego muy simple de economía experimental, similar al juego del ultimátum, que ha sido muy usado para estudiar actitudes altruistas.

En el juego del dictador hay dos jugadores.

Uno de los jugadores (conocido como dictador) divide una cierta cantidad de dinero entre él mismo y el otro jugador (conocido como recipiente).

A diferencia de lo que ocurre en el juego del ultimátum, el recipiente en este caso recibe directamente la cantidad de dinero que le entregue el dictador, por lo que su papel en el juego es totalmente pasivo (en el juego del últimátum, el “dictador” debe proponer una división que el “recipiente” acepta o rechaza).

El juego del dictador tiene una extrema importancia en economía experimental, ya que se ha usado para probar el modelo de conducta individual homo economicus: si los individuos se preocuparan sólo de sus propios pagos, los dictadores deberían quedarse con el dinero disponible y no darían nada a los recipientes.

Sin embargo, Heinrich et al (2004)1 descubrieron en un amplio estudio cultural que los que proponen asignan una parte no nula de la dotación al que responde. (Este estudio de 2004 es una extensión de desarrollos anteriores2 en el juego del dictador y en el de la impunidad).

Este resultado demuestra que:

  1. Los que proponen fallan al maximizar su propia utilidad esperada, o
  2. La función de utilidad de los que proponen incluyen los beneficios de otros.
  3. Sin embargo, se han propuesto otras explicaciones, como la hipótesis del anonimato que dice que el experimento no está correctamente diseñado para probar la conducta “altruista”, ya que la presencia del experimentador impulsa al que propone a evitar la aparición de la “codicia”.
  4. En un estudio reciente, John List ha hablado del papel que juega en la conducta del dictador el hecho de disponer solo de alternativas “positivas” (de “dar dinero”). List observa que cuando el dictador puede “quitar” dinero, el comportamiento del dictador cambia y deja de ser tan altruista, para converti se en algo más egoísta.
  5. Lo mismo ocurre cuando el dinero que hay disponible a repartir es ganado en una fase anterior. En este caso, si los dictadores trabajan con su esfuerzo para ganar el dinero, serán menos propicios a dar dinero que cuando este es “regalado” por el experimentalista para llevar a cabo el experimento.

Otros experimentos revelaron que si un sujeto muestra cierto pudor cuando se le felicita por un éxito, el resto de las personas se siente más predispuesto a confiar en él.)

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Además, los investigadores detectaron que las personas que se ruborizan con cierta facilidad también presentan mayor tendencia a la monogamia.

Shy cute baby with mother, holding her knees

Sentir un poco de vergüenza es algo bueno, no algo que debamos combatir.

Quienes tienen este sentimiento, por ejemplo cuando se equivocan, suelen cubrirse solo una parte de la cara y sonreír.

Eso sí, la vergüenza no debe equiparse a la ansiedad social, que sí puede ser negativas para la persona y su entorno.

Fuente principal: Elena Sanz

 

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