Masturbación en las mujeres

Las mujeres también se masturban, aunque a ellas les suele afectar más que a los hombres el tabú sexual que pesa sobre esta práctica. Te desvelamos las claves de la masturbación femenina.

Según la definición de Woody Allen se trata de “sexo con uno mismo” y, en última instancia, de “sexo con alguien a quien quieres”.

Es una definición interesante de la masturbación porque implica sentimientos y emociones importantes que se relacionan con esta práctica sexual valiosa y cultivable, muchas veces mecanizada e hipersexualizada.

Como cualquier acto relacionado con nuestra sexualidad, la masturbación está rodeada de expectativas, sentimientos, deseos, dudas, conflictos…, y por ello es importante centrarse en la cuestión nuclear que invade lo humano, pues en cualquier práctica sexual las personas somos mucho más que nuestros genitales y su estimulación.

La masturbación nos da la oportunidad de comprobarlo en un espacio íntimo y ajeno al juicio de los demás.

Es un momento de plena libertad que nos conecta con lo más íntimo de nuestra esencia sexuada y es, en definitiva, una experiencia al alcance de cualquier mujer que decida y desee practicarla, a excepción –que no es ignorable– de que viva en –o se encuentre de viaje por– un país en que esta práctica se considere un delito.

 

Edad de inicio de la masturbación en mujeres y frecuencia

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Las mujeres, por lo general, empiezan a masturbarse en la pubertad y al comenzar la adolescencia, aunque también se dan casos de inicio durante la infancia.

Si bien la percepción de la calidad de la experiencia es similar para ambos sexos, la frecuencia entre las mujeres, en términos de tendencia, es menor que entre los hombres.

Esto quiere decir que aunque nada impide que haya mujeres que se masturben con mayor frecuencia que muchos hombres, no es así para la mayoría de la población femenina.

Por supuesto, hay mujeres que deciden no masturbarse, y otras que empiezan durante la etapa adulta.

No hay una norma para ello y la iniciación en esta práctica sexual parece darse de forma más escalonada que en el caso de los hombres.

Igual que ocurre con la masturbación masculina, en las mujeres tampoco hay una frecuencia que se considere más normal que otra para la autoestimulación, sino que el ritmo puede ser más o menos afín a nuestros impulsos y deseos; ni siquiera hay una edad más idónea o adecuada para iniciarse en esta práctica, ni un momento en que deba finalizar.

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El deber mata el deseo, y la masturbación genuina surge del deseo de cada mujer, pero no de la imposición de unos deberes o unas normas sociales preestablecidas.

Por consiguiente, lo mejor es dejarse llevar por el propio ritmo, porque la frecuencia varía a lo largo de la vida de cada mujer en función de sus creencias, sus deseos, y sus circunstancias vitales.

 

Es una falacia que la sexualidad de las mujeres acabe con la menopausia.

Tanto es así, que no son pocas las mujeres que siguen masturbándose en esta etapa de su vida, y disfrutando de las sensaciones y placeres de la autoestimulación voluntaria, libre y deseada, hasta el final de sus días.

Otro gran mito es que desaparezca el interés por el sexo en la tercera edad.

De hecho, es posible que muchas personas, y en especial las mujeres, hayan sufrido la pérdida de su pareja en esta etapa y contemplen la masturbación como una alternativa valiosa y satisfactoria.

En conclusión, la masturbación contribuye tanto a propiciar el bienestar emocional, como el bienestar físico y sexual, independientemente de la edad.

 

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