¡¡Qué si quieres arroz Catalina!! Tres orígenes de esta expresión.

“Que si quieres arroz, Catalina”

La expresión se refiere evidentemente a una de las Catalinas más famosas de la historia, Catalina de Medici, reina de Francia en la segunda mitad del XVI.

Tras la desafortunada muerte de su esposo Enrique II, Felipe II decidió enviar una embajada con diferentes regalos para reconfortar a la reciente viuda.

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Llegados los tres enviados a la corte francesa, la mala suerte quiso que la noche antes del recibimiento el intérprete de los españoles sufriera un grave problema de salud y no pudiera estar presente durante la entrega de las ofrendas, por lo que hubo de recurrirse al lenguaje gestual.

El primer regalo era un saco del arroz más preciado que se conocía en aquel momento en Europa, traído de la misma China por las naves españolas.

Como los enviados no eran capaces de explicar la particularidad del arroz, la reina lo rechazó, casi ofendida por un regalo tan común en un momento tan triste para ella.

Diego Yáñez, el responsable del viaje, se vio en la necesidad de insistir, lo que provocó no ya el enfado de la reina, sino su sumisión en un estado de melancolía en el que ya no profirió una sola palabra.

Yáñez, consciente de que no podía volver a España sin haber entregado todos los regalos, insistió hasta tal punto que los guardias tuvieron que alejarlo de la sala mientras gritaba “¡que si quieres arroz, Catalina!” sin obtener ninguna respuesta.

Este hecho estuvo a punto de causar una crisis diplomática entre las dos naciones pero por suerte pudo resolverse en pocos días con la ayuda de unos traductores que resolvieron el problema.

Esto no impidió que la anécdota se conociera y la frase se divulgara con gran velocidad para referirse a alguien que no escucha, finge no escuchar o que no atiende a razones.

 

Otra fuente apunta a otro origen

Cuando alguien dice lo de “que si quieres arroz Catalina” es cuando no le hacen caso de ninguna de las maneras a algo que ha dicho o hecho. Uy, para ser yo, la explicación me ha quedado corta, así que lo ilustraré con un par de ejemplos para que lo entendáis mejor.

 

Primer ejemplo: ayer le dije a Juan que recogiese la mesa después de comer, y que si quieres arroz Catalina (lo cual significa que Juan no le hizo caso y no recogió la mesa).

 

Otro ejemplo: Ayer mandé un e-mail solicitando mis vacaciones y que si quieres arroz Catalina (lo cual indica que no le han respondido al e-mail, que no le han hecho caso a su mensaje).

 

Divertido, ¿verdad? Pues este extraño dicho parece tener su origen en una señora llamada Catalina que vivía en los tiempos de Juan II de Castilla (o lo que es lo mismo, por el Siglo XV) y que por lo visto, además de consumir grandes cantidades de arroz, lo recomendaba a todo el mundo como remedio a cualquier mal.arroz4

En su lecho de muerte, los vecinos se reunieron en torno a ella y recitaron a coro: “¿quieres arroz Catalina?” y otra vez “¿quieres arroz Catalina?” y al ver que ésta no respondía (la pobre estaba tan débil que no era capaz de articular palabra) le dijeron todos a coro: “¡que si quieres arroz, Catalina!”. Y ella, moribunda, tampoco fue capaz de contestar, pareciendo que hacía oídos sordos a lo que le decían. Desde entonces, esta frase se dice cuando alguien no hace caso a lo que dicen.

Y otra acepción, la tercera:

Se dice de aquellas personas que no hacen el menor caso de lo que se les dice y se mantienen firmes y ternes en su negativa, haciendo oídos sordos a lo que se le pide comprendan o aserten.

Parece que el dicho tiene su origen en los remotos tiempos del reinado de Juan II de Castilla, allá por la primera mitad del siglo XV.

La tal Catalina habría sido la esposa de un judío converso residente en León y mujer aficionadísima a los condumios de arroz, un cereal del que hablaba maravillas en cuanto a sus propiedades salutíferas y profilácticas.

Según ella, no había dolencia o mal para el que el arroz no tuviera alguna sustancial ventaja terapéutica y en esta personal cruzada arrocera fueron pasando loa años hasta que Catalina enfermó de gravedad.

Familiares y amigos, sabedores de su fe arrocera, se llegaban hasta el lecho para ofrecerle el remedio que durante tanto tiempo ella misma había elogiado…

“¿Quieres arroz, Catalina?“, le repetían uno tras otros sus deudos, pero la buena mujer, en los arrabales de la muerte, no tenía ya fuerzas para responder a la oferta.

Ellos y ellas, quizá pensando que la enfermedad le había afectado al oído, llegaron a gritarle a coro: “¡¡¡¿Que si quieres arroz, Catalina?!!!“.

La moribunda guardó silencio hasta que le llegó el momento de exhalar el último suspiro, por lo que la conminatoria pregunta pasó al acervo popular como símbolo o sinonimia de alguien que se obstina en ignorar olímpicamente aquello para lo que se requiere de su conformidad.

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Cierta o no la historia, la cuestión más que pertinente es preguntarse qué arroz era el que comía Catalina en las postrimerías de la Edad Media y en el ya cercano horizonte del Renacimiento.

 

Conocidas tres historias del origen de la expresión, quédate con la que más te guste.

Lo cierto es que esta expresión viene de muy lejos y aún hoy seguimos utilizándola.

¿te ha gustado? Pues ¡Toma arroz, Catalina.

Me pregunto, ¿Quién sería en realidad aquella famosa Catalina? Porque lo que sí queda claro es que no quería arroz ni mal ni bien…

 

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