El Método Estivill: enseñar al niño a dormir.

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Se trata de unas normas basadas en los conocimientos científicos de la cronobiología y la psicología conductual, para que los padres enseñen el hábito de dormir bien a sus hijos, estableciendo unas rutinas previas al momento de ir a la cama. Se recomienda el traslado al cuarto a partir de los tres meses y a los seis ya debería haber adquirido unos hábitos de sueño saludables. Las claves primordiales del método Estivill estriban: en la actitud de los padres, que deberá ser firme y tranquila al mismo tiempo, y en la rutina de horarios y rituales previos al sueño, que transmitirá confianza y seguridad al niño. El objetivo primordial es que aprenda a iniciar el sueño solo y logre conciliarlo de nuevo si se despierta por la noche sin precisar la presencia de los padres. Si siguen adecuadamente estas normas, el éxito está garantizado porque se trata de normas científicas y no de opiniones personales. Pero es muy importante que los padres apliquen todas las normas sugeridas, ya que si intentamos hacer adaptaciones o suprimimos algunas de las rutinas, no se puede garantizar el éxito.

La rutina aporta seguridad al niño. En efecto, la reiterada asociación de unos mismos elementos externos, un horario ordenado y repetitivo son las claves para evitar o corregir el problema del insomnio infantil. Para iniciar la modificación de los hábitos del sueño es básico crear un ritual alrededor de la acción de acostarse. Esta rutina debe ser un momento agradable que compartan padres e hijos, con una duración de entre15 y 20 minutos. Consistirá básicamente en un intercambio emocional de tranquila información que dependerá del grado de comprensión del niño y se realizará en un lugar distinto de donde duerme: cantar una nana o una canción suave, contar un cuento o una historia real, programar una actividad para el día siguiente… Ver la televisión antes de acostarse no es una buena actividad porque no permite el intercambio personal. Después de lavarse los dientes y hacer pipí, le dejaremos en su habitación, en su cuna o cama y nos despediremos de él.

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El niño aprende a dormir con aquello que los adultos le proporcionan. Por consiguiente, en sus despertares fisiológicos durante la noche, reclamará las circunstancias que asocie con su sueño. Así, si el niño se duerme solo, volverá a dormirse solo cuando se despierte; en cambio, si se ha dormido en brazos o le han dormido meciéndolo, lo reclamará. Por ello, es necesario que el niño esté despierto cuando los padres salgan de la habitación. Conviene que tenga junto a él su peluche y su chupete, si lo usa. Así se sentirá más acompañado. Y, sobre todo, descubrirá que estos elementos externos permanecen con él cuando se despierte. Una vez realizado todo el ritual antes de dormir, los padres pondrán al niño en su cuna o cama, le desearán buenas noches, dándole besos y abrazos, con un discurso que no dure más de 30 segundos. Le explicarán que dormirá en su habitación y que sus papás no le abandonan, sino que le cuidan y le enseñan a dormir correctamente. Esto siempre con una voz dulce y tranquila para transmitir seguridad al niño. Nunca castigo. Tiene que notar que simplemente le enseñamos a dormir, igual que le enseñamos a comer la sopa con cuchara o a lavarse los dientes. A continuación, se apagará la luz, y se le dejará la puerta entreabierta.

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Si el niño empieza a llorar, los padres permanecerán alejados de la habitación y volverán a ella en función de una tabla de tiempos, que irá variando a medida que pasen los días. Cuando haya que ir a consolar al niño, acudirá un solo progenitor, y se le explicará con voz tranquila pero firme, en menos de 10 segundos. Algunos padres prefieren aumentar un poco estos minutos, eso sí, siempre de forma progresiva. Inicialmente el niño llorará (pero no es un llanto de dolor sino que es un llanto de demanda), pero en la mayoría de los casos, después de acudir unas cuantas veces deja de llorar. Con el paso de los días, habrá que acudir menos veces y finalmente el niño aprenderá a dormir solo. Muy a menudo los padres quedan sorprendidos de la rapidez y efectividad de este método, que puede ser manifiesta tras pocos días.

Hay más de 300 trabajos científicos que avalan estos métodos. Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Academia Americana de Sueño recomiendan esta tecnología, así como la mayoría de Sociedades de Peditatría del mundo. En ninguna publicación se han demostrado efectos negativos de estas rutinas, si se aplican correctamente. No existen niños traumatizados por enseñarles correctamente a dormir. Al contrario, los problemas existen en los niños con trastornos de sueño no tratados o ignorados.

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Eduard Estivill es pediatra, neurofisiólogo, especialista europeo en Medicina del sueño y director de la Clínica del Sueño Estivill

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