¿Sabes lo que es la onicofagia? Lo mismo tú la padeces…

Autor: | Publicado en Psicología Sin comentarios

La onicofagia o morderse las uñas es un hábito y uno de los trastornos nerviosos más frecuentes, tanto en adultos como en niños. Es uno de los mecanismos que utilizamos para reducir la ansiedad, y que lo hacemos en momentos puntuales, ante situaciones de estrés, fatiga o aburrimiento, y que con el tiempo lo convertimos en un hábito, es decir, en un acto reflejo e inconsciente y difícil de abandonar.

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Aparece entre los tres y los seis años, y a partir de esta edad tiende a disminuir, pero en ocasiones no lo hace, y es en esas donde debemos actuar. Los problema que puede causar no son solo estéticos, ya que deteriora la forma de las uñas y de los dedos, facilita que se produzcan heridas, padrastros y verrugas, pueden producirse infecciones, inflamaciones y dolor. También puede provocar alteraciones en la dentición del niño, mala oclusión de los dientes anteriores, etc.

La causa de este hábito

Para poder tratar y solucionar este problema, lo primero que debemos averiguar es cuál es la causa de que se produzca: si tiene ansiedad, si el niño está estresado, acontecimientos estresantes como el nacimiento de un hermano o la muerte de un familiar, si se produce solo ante determinadas situaciones, etc.

No existe un único tratamiento para eliminar la onicofagia o el hábito de morderse las uñas, lo más importante es conseguir que el niño sea consciente de ese hábito y que modifique dicha conducta, con nuestro apoyo.

Debemos de enseñarle cuando se esté produciendo la onicofagia para que sea consciente de ello, pero nunca riñéndole o como un reproche. Nunca usaremos el castigo ni le reñiremos, ya que de esta forma aumentamos su estrés y con ello la probabilidad de aparición de la conducta de morderse las uñas.onicofagia1

Hay que reforzarle cuando lo haga bien, y si quieres ver el tratamiento a seguir en estos casos, te aconsejo que leas el artículo: Cómo dejar de morderse las uñas

8 consejos útiles

–          Es muy aconsejable que realice una buena actividad física con cierta frecuencia, esto le ayudará en el estrés y en la ansiedad, y le ayuda también a reconducir su energía, aunque tampoco conviene que se agote físicamente.

–          Es bueno que comparta con los padres actividades que le mantengan ocupadas las manos en momentos en los que pueda estar nervioso, como por ejemplo hacer un rompecabezas, la plastilina, etc.

–          En las farmacias venden una solución amarga, que no perjudica su salud, y que se le extiende en las uñas, para que al morderlas no le guste el sabor. Debemos explicárselo no como un castigo, si no como un recordatorio para que se dé cuenta de cuándo se muerde las uñas.

–          También le podemos poner tiritas con dibujos y colores en las uñas, para que lo vea y se dé cuenta de ello cada vez que se lleve los dedos a la boca.

–          Hay que intentar relajarle, si es muy nervioso e inquieto, puedes llevar a cabo con él ejercicios de respiración y técnicas de relajación.

–          Que haga actividades con otros niños que le mantengan entretenido, como bajar al parque, jugar a la pelota o a las muñecas, etc.

–          En cuanto sea consciente del hábito de morderse las uñas, y sepa en qué situaciones se produce, siempre que sienta la necesidad, que realice otra actividad que le mantenga las manos ocupadas, como coger una pintura, por ejemplo; a esta actividad le llamaremos actividad competidora, ya que compite con el hábito de la onicofagia y se lo impide hacer al mismo tiempo.

–          Los chicles pueden ayudar algo, sin azúcar, para no dañar su dentadura. Así tendrá la boca y sus dientes ocupados y no se morderá las uñas.

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La onicofagia o morderse las uñas es un hábito adquirido que puede desencadenar problemas como padrastros, heridas e infecciones (tanto en dedos como en labios), alteraciones estéticas o incluso alteración en la posición de los dientes, además de representar en algunas culturas una falta de educación.

La onicofagia puede tratarse de una conducta para rebajar la ansiedad, te tal manera que quienes se muerden las uñas piensan y sienten que hacer algo placentero reducirá la ansiedad.

Al margen de estas valoraciones iniciales, la mayor parte de nosotros considera que es una conducta que debe ser corregida, tanto en niños como en adultos, y de esto es lo que va a tratar el artículo.

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Consecuencias de morderse las uñas

–          Padrastros, heridas e infecciones en dedos.

–          Heridas e infecciones en labios y encías.

–          Desgaste de los incisivos alterando su forma natural.

–          Verrugas periungueales.

–          Alteraciones estéticas en dedos, uñas y dientes.

–          Dificultad para realizar tareas minuciosas que requiere el uso de las uñas.

–          Alteraciones de índole psicológica: vergüenza por el estado de los dedos, retraimiento y aislamiento por miedo a que “me vean los dedos”.

–          Si es un adulto con hijos, la consecuencia más probable es que sus hijos por imitación acaben adoptando dicha conducta, con sus posibles consecuencias negativas.

Cómo dejar de morderse las uñas

Este hábito casi siempre se inicia en la infancia, y en muchos de estos inicios esta la imitación. Es decir, lo observan y lo aprenden. En otras circunstancias surge sin que haya imitación, como mecanismo que rebaja el nivel de ansiedad existente.

Con el paso del tiempo, como muchas otras conductas, el morderse las uñas lo automatizamos, y lo convertimos en un acto reflejo que surge siempre ante determinadas situaciones; identificar estas situaciones será el primer paso en el tratamiento.

Existen remedios caseros que llevamos oyendo toda la vida, como por ejemplo cubrir las uñas con productos y esmaltes que saben o huelen mal, poner guantes, etc. Lo cierto que estos remedios pueden ayudar, pero no lo solucionan definitivamente, hay que atacar a la raíz del problema, el hábito. ¿Cómo hacerlo?

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Lo primero es convencer al adulto o al niño (en este será más difícil, pero nadie dijo que fuera fácil), de que dicha conducta es un problema que debe ser corregido y para ello basta con relatarle las consecuencias negativas que puede tener el morderse las uñas, o si ya ha tenido alguna, recordarle la misma. La persona debe estar motivada para el cambio, y si es un niño, podemos ayudarnos de motivación externa, como recompensas, que faciliten una buena disposición para corregir la conducta.

Tanto si es un niño como si es un adulto, hay que identificar aquellas situaciones que provocan que comience a morderse las uñas.

Identificar aquellos signos en la persona que se producen y que son previos a iniciar la onicofagia.

Una vez identificadas las situaciones y los signos en la persona que le llevan a morderse las uñas, debes acordar con él un signo o una palabra clave, que le va a ayudar a ser consciente de ese momento y de lo que va a hacer. El signo o la palabra debe ser algo disimulado que permita ponerlo en práctica cuando estáis con más gente. Por cierto no ayuda nada el decir bien alto y para que te oigan que “mi niño tiene un problema porque se come las uñas”. Si es tu hijo, haz que esta cuestión sea privada, de la familia, no del colegio ni del vecindario.

Una vez que hemos conseguido poco a poco que la misma persona afectada sea consciente de las situaciones y signos previos a morderse las uñas, hay que buscar una conducta incompatible con la onicofagia, de manera que la lleve a cabo y no pueda morderse las uñas. Ejemplos: guardarse las manos en los bolsillos, coger un boli, etc. Debe ser otra vez una conducta que sea disimulada socialmente.

Trabajad en el refuerzo. Cada vez que lo consiga evitar, refuérzalo con halagos o con frases que reconozcan su esfuerzo, ya que si lleva mucho tiempo, le va a ser difícil superarlo, pero no imposible.

Hay que vigilar y ayudar a la persona o al niño constantemente, sobre todo al principio, pero sin agobiar. Debéis de hacer partícipes a toda la familia en esta cuestión, para que colaboren en la solución.

Revisar de vez en cuando la palabra, el gesto y las conductas incompatibles, por si hubiera que cambiarlas, no hicieran el efecto deseado, etc.

Lo último que os recomiendo es que tengáis paciencia, ya que no es un problema que se solucione en unos días, sobre todo cuando el hábito de morderse las uñas lleva mucho tiempo arraigado.

Yo me mordía las uñas. Mi madre me compró un líquido en la farmacia que sabía a rayos pero que a mí terminó por gustarme. Me las mordía hasta los 19 años. ¿Cuándo lo dejé? Iba a pagar en un disco bar y escuché a los que había a mi lado decir “Mira que asco de manos” Me llegó al alma y fue el desencadenante para abandonar este adictivo acto.

 

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