¿Pueden los niños ser tiranos? ¡Claro que sí! Y más los consentidos… ¡Pon normas!

Autor: | Publicado en Psicología Sin comentarios

¿Quieres que tu hijo caiga bien y sea aceptado y bienvenido en todas partes?

Entonces, edúcalo.

Los niños consentidos y malcriados difícilmente tienen cabida en lugares fuera de su casa o cuándo no está con vosotros

Échale un vistazo a esta lista para estudiar las cualidades de los niños educados y de sus papás.

  1. Expectativas.

¿Qué tipo de expectativas tienes para la conducta de tu hijo?caprichosos1

  • Por ejemplo, cuando salgan a un restaurante, ¿esperas que permanezca sentado en la mesa?
  • Cuándo vas a una tienda, ¿obedece o se pone a tocar y tirar todo?
  • Cuando alguien está hablando, ¿esperas que tu hijo se mantenga callado y espere su turno?
  • Cuando te pide algo y tú dices que no, ¿esperas que acepte tu respuesta con tranquilidad?

Una gran diferencia entre un niño educado y un niño consentido es precisamente que el niño educado conoce las expectativas sobre su conducta, y sabe que ciertos comportamientos son inaceptables.

En cuanto a las expectativas de los niños hacia sus papás, el niño educado espera respuestas claras y consecuencias inmediatas.

Por lo tanto, no se confunde y sabe que le conviene seguir las reglas.

El niño consentido siempre tiene la esperanza de conseguir lo que quiere. Ha aprendido a esperar que los papás le cumplan sus deseos al instante, y está dispuesto a seguir insistiendo porque su experiencia le ha enseñado que en algún momento tendrá éxito.

Es necesario que los niños aprendan a ubicar su lugar dentro de la dinámica familiar, y después a encontrarse en el gran esquema de los muchos grupos sociales donde lleguen a pertenecer.

Desde pequeño, tu hijo debe saberse aceptado y amado incondicionalmente. Sin embargo, no es el centro del universo ni el único miembro importante de la familia. Todos los niños necesitan aprender a tomar su lugar, respetando el lugar de los demás.

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Él va a tantearos continuamente, va a intentar chantajearos emocionalmente, llamar vuestra atención y ahí es cuándo vuestra respuesta debe ser la indicada en cada momento sin que uno sea el permisivo y otro el que obliga a cumplir las reglas.

Para ayudarlo a no ser consentido, enséñale:

  • A escuchar y a esperar. En las conversaciones familiares, por ejemplo, cada quien debe tomar su turno y escuchar a los demás.
  • A pedir las cosas con educación. Nadie tiene derecho a exigir lo que quiere, sobre todo cuando depende del esfuerzo de los demás. Se piden las cosas “por favor”, reconociendo que la persona quien los da es digno de respeto.
  • A pensar en los demás. La regla de oro, “trata a los demás como tú quieres ser tratado” es algo que demanda esfuerzo.

Si tu hijo aprende a tener conciencia de los sentimientos y necesidades ajenos, se ubica en un mundo donde puede saberse útil y valioso, porque su sensibilidad puede llevarlo a ayudar a otros.

En cambio, el niño consentido está acostumbrado a pensar solo en sí mismo.

  1. Hábitos.

Los niños educados no nacen. Se hacen, todos los días, con la práctica de buenos hábitos.

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¿Quieres que tu hijo aprenda a saludar a todos cuando los encuentra? Entonces, empieza a practicar en casa, con el “Buenos días” todas las mañanas.

Dentro de las rutinas cotidianas de la vida en familia, hay miles de oportunidades de practicar. En la mesa, dar gracias por la comida y pedir permiso para levantarse después de comer pueden ser acciones que llegan a ser automáticas si se practican todos los días.

En cambio, si tu hijo es consentido es probable que no tenga la práctica necesaria con las buenas costumbres para sacar la casta en el momento necesario. Lo más seguro es que está acostumbrado a un ambiente cambiante donde no se le haya exigido cumplir con estas normas en forma regular.

Practicar buenos hábitos es dar a los niños herramientas para desenvolverse con éxito en todos los ambientes.

  1. Actitudes.

El niño educado aprende a valorar a los demás y apreciar su esfuerzo. Por eso, se le puede notar una actitud de agradecimiento (que sabrá expresar con las palabras adecuadas) cuando recibe cualquier cosa.

Decir “gracias” es una forma de reconocer y respetar el esfuerzo y las buenas intenciones detrás de un regalo, aunque no sea precisamente el objeto más anhelado.

En el niño educado también se puede percibir cierta generosidad hacia los demás. Sabiendo su lugar y siendo consciente de lo que tiene, puede compartir con alguien más.

Otra actitud importante de los niños educados es la tolerancia. El niño educado ha aprendido que no debe esperar respuestas perfectas ni inmediatas. Sabe que a veces no puede tener lo que quisiera, pero tiene práctica en aceptarlo y esperar.

En cambio, si tu hijo es consentido, le va a costar trabajo enfocarse en el significado de un regalo, ya que para él es el cumplimiento de su propio deseo. No habrá tolerancia ni gratitud por algo que no conforme perfectamente a sus expectativas. Tampoco tendrá mucha práctica en el arte de compartir, ya que siempre sus papás se han volcado en darle todo lo que él quiere.

  1. Herramientas.

Si tú eres papá o mamá consentidor, además de dar un mensaje equivocado a tu hijo (“Eres lo máximo; eres el centro de la vida.”), estarás privándole de elementos esenciales para operar en sociedad.

¿Cómo podrá relacionarse con otros sanamente si tú le has enseñado a esperar que siempre se haga su santa voluntad?

Un niño consentido no sabrá ser flexible, ni dar a otros el beneficio de la duda. No sabrá corresponder a un acto o un sentimiento generoso. La amistad será para él un reto muy difícil de alcanzar.

Un niño consentido no tendrá las herramientas necesarias para comportarse bien en público.

Solamente será bienvenido en su propio ambiente, bajo las alas protectoras y consentidoras de sus padres.

¿Quieres limitar a tu hijo y hacerlo eternamente dependiente de ti? Consiéntelo. Échalo a perder.

En cambio, si quieres criar a un hijo que tiene las puertas abiertas en todas partes, edúcalo.

 

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