Cuando los niños son agresivos y pegan a otros.

Estás en el parque con tu hijo, y cuando menos te lo imaginas, tu angelito le pega un tortazo al amiguito con el que está jugando.

Los niños pequeños todavía están desarrollando sus habilidades lingüísticas, tienen un fuerte deseo de hacerse independientes, y a la vez no poseen aún la capacidad de controlar sus impulsos, por eso son tan susceptibles a reaccionar físicamente.niñosquepegan5

Es normal que el comportamiento de tu niño te avergüence y te preocupe. Sin embargo, eso no significa que estés criando a un niño que será un abusón más adelante.

Qué hacer

Actúa de inmediato. Procura responder inmediatamente siempre que tu hijo se ponga agresivo. No esperes a que le pegue por tercera vez a su hermanito para decirle: “¡Ya basta!” (especialmente cuando le has llamado la atención unas 10 veces en la última hora).

Tu niño tiene que saber en seguida que ha hecho algo malo. Apártalo de esa situación conflictiva y  castígalo dejándolo solo unos minutos (a esta edad, unos segundos de castigo pueden ser suficientes).

La idea es que empiece a asociar su comportamiento a la consecuencia. O sea, se dará cuenta de que si golpea o muerde, termina solito.

Responde con consecuencias lógicas. Si tu hijo empieza a tirarles arena o juguetes a otros niños en el parque, apártalo, siéntalo a tu lado y explícale que podrá volver a participar cuando esté listo para jugar sin hacer daño a otros niños.

Mantén la calma. No importa lo enojada que estés, trata de no gritarle, ni pegarle a tu niño.

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Si le gritas, le pegas o le dices que es un niño malo, en lugar de refrenar su comportamiento, lo único que lograrás es enojarlo más y darle más ejemplos de cómo ser agresivo. Si, por otro lado, tu hijo observa cómo te controlas tú, ese será el primer paso para que aprenda a controlar su propio temperamento.

Disciplínalo con constancia. Siempre que sea posible, responde a cada episodio de agresividad de la misma forma que lo hiciste la última vez. Al responder de forma predecible (“Has mordido otra vez a Miguel, eso significa que otra vez te tienes que sentar solito”), enfatizas un patrón que tu hijo aprenderá a reconocer y a esperar.

Con el tiempo entenderá que siempre que se porta mal lo castigan dejándolo un rato solo. Y no permitas que la vergüenza o el coraje haga que le grites o pierdas el control, cuando tu niñito haga de las suyas en un lugar público.

Enséñale alternativas. Espera a que tu hijo esté más calmado, y háblale tranquilamente sobre lo que acaba de ocurrir. Pídele que te cuente qué pasó (¿Por qué te enojaste tanto con tu amiguito?).

Explícale que es natural que se enoje, pero no está bien que lo demuestre pegando, pateando o mordiendo. Anímalo a encontrar una mejor manera de responder a sus sentimientos “con sus palabras” (pero no gritando: “Pedro, ¡me estoy enojando!”) o pidiendo a un adulto que le ayude.

Enséñale a pedir disculpas. Asegúrate que tu niñito entienda que tiene que pedir perdón tras haberle hecho daño a alguien.

Si tu niño se niega, cógele de la mano y llévalo a que pida disculpas (incluso está bien si algunas veces eres tú misma, quien tiene que hacerlo por él). Aunque al principio no lo diga con sinceridad, poco a poco irá aprendiendo la lección.niñosquepegan2

Recompénsalo por su buen comportamiento. En lugar de darle tu atención solo cuando se comporte mal, procura “pillarlo portándose bien”.

Elógialo cada vez que puedas y pronto se dará lo importante que es el buen comportamiento. Incluso le puedes ofrecer una calcomanía (pegatina) cada vez que te ayude a ordenar su cuarto.

Limita su tiempo frente a la televisión. Los dibujos animados y otros programas diseñados para niños a menudo contienen muchos gritos, amenazas, empujones, y hasta golpes y puntapiés, a veces presentados como algo cómico.

Proporciónale mucha actividad física. Seguramente te darás cuenta de que cuando tu niño no tiene la oportunidad de gastar su energía fuera de la casa, se vuelve un verdadero terror dentro de ella. Si tienes un niñito muy activo, permítele que corra, salte, haga volteretas o juegue a la pelota. Procura que estas actividades sean al aire libre, para que pueda gastar un poco de toda esa energía.

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No temas buscar ayuda. A veces el coraje excesivo de los niños requiere más acción que la disciplina de los padres. Si tu niño parece comportarse agresivamente la mayor parte del tiempo, si parece asustar o molestar a otros niños, o si tus intentos de aliviar la situación no parecen tener mucho efecto, habla con el médico de tu hijo, quien te podría recomendar a un consejero o psicólogo infantil.

Juntos podrán determinar la base del problema y ayudar a solucionarlo.

Recuerda que tu hijo es todavía muy pequeño.

Si procuras ayudarlo con paciencia y creatividad, es probable que pronto lo único que quede de sus tendencias combativas sea el recuerdo.

 

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