Enfermedad vascular periférica (varices)

 

La enfermedad vascular periférica (EVP) consiste en un daño u obstrucción en los vasos sanguíneos más alejados del corazón: las arterias y venas periféricas.

Las arterias y venas periféricas transportan sangre hacia y desde los músculos de los brazos y las piernas y los órganos del abdomen.

La EVP puede también afectar a las arterias que llevan sangre a la cabeza

Cuando la EVP afecta sólo a las arterias y no a las venas, se denomina «enfermedad arterial periférica» (EAP).

Los principales tipos de EVP son los coágulos sanguíneos, la hinchazón (inflamación) y el estrechamiento y la obstrucción de los vasos sanguíneos.

Las enfermedades de las arterias pueden ocasionar

  • Obstrucciones arteriales
  • Aneurismas aórticos
  • Enfermedad de Buerger
  • Fenómeno de Raynaud

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Las enfermedades de las venas pueden ocasionar

  • Coágulos sanguíneos venosos
  • Embolia pulmonar
  • Flebitis
  • Várices

Obstrucciones arteriales

Al igual que las arterias coronarias, las arterias periféricas pueden ser obstruidas por placa.

Causas

La EVP puede deberse a una enfermedad denominada «arterosclerosis», un proceso en el que se forma una sustancia cérea dentro de las arterias.

Esta sustancia se denomina «placa».

Cuando se acumula demasiada placa dentro de una arteria, ésta se obstruye y el flujo de sangre disminuye o se detiene.

La disminución del flujo sanguíneo puede ocasionar una «isquemia», es decir, un aporte insuficiente de oxígeno a las células del organismo.

La obstrucción de las arterias periféricas de la región inferior del cuerpo ocasionan principalmente dolor y calambres en las piernas.

Los factores de riesgo de aterosclerosis en las arterias periféricas son iguales a los de la aterosclerosis en las arterias coronarias.

Se cree que el consumo de cigarrillos (tabaquismo), la diabetes, la presión arterial alta y los niveles elevados de colesterol dan lugar a la formación de placa.

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Síntomas

Los pacientes pueden sentir dolor en las pantorrillas, los muslos o las nalgas, según el lugar de la obstrucción.

En general, la intensidad del dolor es un signo de la gravedad de la obstrucción.

En casos graves, es posible que los dedos de los pies se vuelvan azulados, que los pies estén fríos y que el pulso en las piernas sea débil.

En algunos casos podría producirse la muerte de tejido (lo que se denomina «gangrena») y ser necesaria una amputación.

A veces pueden sentirse calambres en las piernas al caminar, empeorando generalmente el dolor a medida que aumenta la actividad física.

Estos calambres se denominan «claudicación intermitente».

Al igual que el dolor de la angina de pecho, el dolor en las piernas ocasionado por la claudicación intermitente generalmente desaparece con el reposo.

Las temperaturas bajas y algunos medicamentos también pueden provocar dolor en las piernas.

Diagnóstico

Los médicos pueden diagnosticar una obstrucción arterial basándose en los síntomas que describe el paciente y revisando el pulso en las arterias de los pies para determinar si es débil. El diagnóstico puede confirmarse mediante los siguientes estudios:

  • Ecografía (o ultrasonido): un estudio que consiste en emplear ondas sonoras para producir una imagen del flujo de sangre por las arterias.
  • Arteriografía: un estudio que puede realizarse si el médico considera que la obstrucción es lo suficientemente grave como para necesitar una intervención percutánea o quirúrgica. El estudio consiste en inyectar en las arterias un colorante inofensivo que permite determinar la gravedad de la obstrucción y su ubicación.

Tratamiento de la ostrucción

Cuando las obstrucciones no son graves, esta clase de EVP puede controlarse reduciendo el peso excesivo, absteniéndose del tabaco y siguiendo un plan de ejercicio físico regular aprobado por el médico.

En caso de haber una arteria muy obstruida que ocasione dolor u otros síntomas, podría ser necesario realizar una intervención percutánea (una angioplastia con balón o la colocación de un stent).

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El médico también podría recomendar un procedimiento denominado «bypass vascular periférico».

Este procedimiento consiste en derivar el flujo sanguíneo alrededor de uno o más vasos sanguíneos estrechados.

Tras realizar una incisión en el brazo, la pierna o la región inferior del abdomen, el cirujano cose al vaso obstruido un tubo hecho de un material sintético o una sección de una vena del paciente (lo que se denomina «injerto») de manera que comunique puntos que se encuentran por encima y por debajo de la obstrucción.

Esto permite que la sangre fluya alrededor de la obstrucción.

Aneurismas aórticos

Un aneurisma es una dilatación parecida a un globo que se produce en la pared de un vaso sanguíneo debilitado.

Si la dilatación estira demasiado la pared del vaso éste podría romperse.

La aorta es la arteria que transporta sangre del corazón al resto del organismo.

Los aneurismas en la aorta se denominan «aneurismas aórticos».

Si esta importante arteria se rompe debido a un aneurisma y no se obtiene asistencia médica inmediata, podría producirse la muerte del paciente.

Los aneurismas aórticos pueden producirse en el pecho (aneurismas torácicos), pero la mayoría se forman debajo de los riñones, en la región inferior del abdomen (aneurismas abdominales).

Causas de los aneurismas

Toda enfermedad que debilite las paredes de las arterias puede dar lugar a la formación de un aneurisma.

La aterosclerosis (una acumulación de placa en las arterias), la presión arterial alta y el consumo de cigarrillos aumentan el riesgo de padecerlos.

Las infecciones, lesiones y heridas profundas también pueden ocasionar dilataciones en los vasos sanguíneos.

En algunos casos los aneurismas pueden deberse a una enfermedad congénita, es decir, una enfermedad de nacimiento.

Ciertas enfermedades heredadas también pueden aumentar el riesgo de sufrir un aneurisma.

Por ejemplo, el síndrome de Marfan es una enfermedad heredada que afecta a los tejidos conectivos del cuerpo y produce huesos largos y articulaciones muy flexibles.

Las personas con este síndrome a menudo sufren de aneurismas.

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Flebitis

Existen dos clases de flebitis. La más común es la hinchazón de una vena que se encuentra cerca de la superficie de la piel, generalmente en la pierna.

Es la denominada «flebitis superficial».

La hinchazón de las venas que se encuentran en el interior de la pierna es menos común pero más grave. Es la denominada «flebitis profunda».

En la flebitis superficial, la zona afectada se enrojece y duele. El dolor generalmente puede tratarse con calor húmedo, aspirina o medicamentos antiinflamatorios.

La flebitis más peligrosa, la flebitis profunda, generalmente produce más dolor. Las personas con flebitis profunda suelen tener fiebre.

Várices

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Las várices son venas hinchadas y moradas en las piernas que pueden verse debajo de la piel.

Pueden deberse a un daño sufrido por los vasos sanguíneos que se encuentran cerca de la superficie de la piel, una disminución del flujo sanguíneo o la presencia de válvulas dañadas o defectuosas en las venas.

Normalmente la sangre se desplaza por las venas con la ayuda de válvulas que permiten que la sangre fluya hacia arriba, contra la fuerza de gravedad.

Si estas válvulas son débiles o es lento el flujo de sangre por las venas, la sangre puede acumularse y dilatar las venas.

Las várices son más comunes en las mujeres que en los hombres.

El problema también es hereditario.

Las mujeres embarazadas pueden sufrir várices debido a cambios hormonales y a la presión adicional que el feto ejerce sobre la región inferior del abdomen.

Las várices también pueden ser causadas por un sobrepeso considerable o por permanecer de pie durante períodos prolongados.

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Síntomas de varices

El síntoma más evidente son las venas azules o moradas de aspecto tortuoso.

Se producen cerca de la superficie de la piel y pueden sobresalir de la superficie de la pierna.

Grupos de capilares dilatados denominados «arañas vasculares» a veces rodean las várices.

Las várices pueden ocasionar hormigueo o dolor en las piernas. A veces los tobillos se hinchan a la noche.

En la mayoría de los casos, las personas que obtienen tratamiento para las várices lo hacen por motivos estéticos.

Tratamiento de las varices

En las etapas iniciales de la enfermedad, las medias elásticas de compresión pueden aliviar el dolor y la hinchazón pero no eliminan las várices.

El tratamiento para eliminar las várices puede consistir en inyectar una solución salina que contrae las venas.

Otra posibilidad es inyectar un líquido denominado «agente esclerosante» que hincha las paredes de la vena.

A continuación se venda firmemente la pierna para comprimir las paredes de las venas.

La cicatrización que se produce en la vena hace que las paredes se adhieran.

Algunos tipos de várices y arañas vasculares pueden tratarse con láser. El calor del láser se emplea para destruir las venas, las cuales se aplastan y cierran.

La eliminación quirúrgica se denomina «flebectomía» (extirpación venosa) y consiste en ligar la vena en ciertos puntos y extirpar la porción afectada. El organismo responde creando nuevas vías por donde puede circular la sangre.

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